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Para buscar y encontrar los lugares donde
disfrutar los sabores, colores, y texturas de la Patagonia. |
Historia del Champagne (¿Error?
¿Cuál error?)
Como si se tratara de un continente absolutamente
desconocido, el champagne tiene su descubridor. Fue el
monje benedictino Dom Pierre Pérignon quien a finales
del 1.600 administraba las cavas y la producción de
vinos, quien un día encontró minúsculas burbujas
danzando en las botellas de su preciada bebida y lo que
advirtió como un error en su proceso. Fue así la
presentación de una inusitada puerta al placer de los
vinos espumantes que hasta hoy adoramos. Estas burbujas
son el resultado de un proceso natural debido al clima
fresco de la región y a la corta temporada de
crecimiento de la vid. La cosecha en los últimos días
del otoño garantiza uvas repletas de azúcares que las
levaduras no llegan a transformar en alcohol.
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Llegada la primavera, la historia continúa dentro de las
botellas, inventando estas burbujas de dióxido de
carbono que buscan liberarse de su envase. Después del
primer asombro, Dom Pérignon trató por todos los medios
de frenarlas en ese proceso, pero (¡afortunadamente!!!)
no lo logró. Su temor a una explosión en la bodega
benedictina lo llevó a embotellar a este vino en
botellas más resistentes fabricadas por ingleses y a
adoptar los corchos provenientes de España para
reemplazar los tapones de madera embebidos en aceite que
hasta entonces utilizaba.
Su descubrimiento tuvo desde entonces esa peculiar
manera de presentarse y deleitar paladares asombrados,
enseñándonos que a veces un error, lejos de ser una mala
experiencia, llega a convertirse en lo mejor que nos
puede suceder!. ¡Merci beaucoup, Dom Pérignon!.
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