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Para buscar y encontrar los lugares donde
disfrutar los sabores, colores, y texturas de la Patagonia. |
Saboreando el café
La acidez, el aroma y el cuerpo dan forma al
sabor del café.
Como con el vino, aprender a degustar café puede ser
viaje sin fin. Beber un café no es llegar y tragar; hay
que tomar en cuenta cuatro factores que apelan al placer
del buen gusto.
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- Acidez
La acidez es una característica deseable en el café,
que por ningún motivo debe ser confundida con lo agrio.
Se experimenta en la sequedad que el líquido produce en
los bordes de la lengua y en la parte de atrás del
paladar, y le da a su sabor cualidades marcadas,
vibrantes e individuales. Sin suficiente acidez, el café
tiende a ser plano.
- Aroma
Las gracias del aroma son difícilmente separables de
las del sabor. Sin él, sólo podemos percibir cuatro
sabores (dulce, agrio, salado y amargo); con él, el
paladar gana variedad y matices.
El juego oloroso incluye muchísimos aromas... Animal,
cenizo, ahumado, químico, medicinal, achocolatado,
acaramelado, maltoso, tostado, terroso, dulce, salado,
amargo...
- Cuerpo
El cuerpo se refiere a la sensación del café en la
boca, a la viscosidad, peso y grosor con que es
percibido en la lengua. Esa característica está
relacionada con los aceites y las sustancias que se
extraen durante el tratamiento del grano.
Generalmente, los cafés de Asia tienen más cuerpo que
los de Sud y Centroamérica.
Un buen truco para medir el cuerpo de distintos cafés es
echarle la misma cantidad de leche a cada uno. Cuando
son diluidos, los brebajes con más cuerpo mantienen más
sabor que los otros.
- Sabor
La acidez, el aroma y el cuerpo dan forma al sabor
del café. Es la relación entre estos tres factores la
que hace un determinado café más o menos agradable. Las
características típicas del sabor son tres: riqueza,
complejidad y balance.
Brillo, sequedad, agudeza, acaramelado, achocolatado,
delicado, terroso, fragante, frutoso, maduro, dulce,
vinoso, salvaje, almendrado, picante: todos estos
términos son apropiados para referirse a lo que es
deseable en un café.
Amargo, muerto, sucio, plano, graso, suave, agrio,
delgado, duro, fangoso, rancio, áspero, gomoso, aguado:
nada de esto habla bien de una taza de café.
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